Padre amado y misericordioso, hoy me presento ante Ti con humildad, con cansancio en el alma y con el deseo sincero de cambiar mi vida. Tú conoces mi lucha, mis debilidades, mis recaídas y las cadenas invisibles que me han mantenido atrapado(a) en este vicio que poco a poco ha robado mi paz, mi fuerza y mi tranquilidad.
Señor Dios, no quiero seguir viviendo esclavo de aquello que me hace daño. Por eso hoy abro mi corazón completamente ante Ti y te pido ayuda para salir de este vicio paso a paso, día tras día, con paciencia, fuerza y esperanza.
El primer paso, Señor, es reconocer mi problema y aceptar que necesito ayuda. Quita de mí el orgullo, la negación y el miedo a enfrentar la verdad. Ayúdame a dejar de esconder mi dolor detrás de hábitos destructivos. Dame valentía para admitir que necesito sanar.
El segundo paso, Dios mío, es fortalecer mi voluntad. Cuando las ganas de volver al vicio aparezcan, sostén mi mente y mi corazón. Dame dominio propio para resistir la tentación y recordar que mi vida vale mucho más que cualquier adicción.
El tercer paso, Padre amado, es sanar las heridas que me llevaron a este camino. Tú conoces las tristezas, los vacíos, los traumas, las decepciones y las emociones que intenté callar a través del vicio.
El cuarto paso, Señor, es alejar de mi vida todo lo que alimenta esta adicción. Ayúdame a apartarme de malas compañías, lugares dañinos, hábitos negativos y pensamientos que me empujan a caer nuevamente. Rodea mi vida de personas que me ayuden a crecer, a sanar y a avanzar.
También te pido por mi familia y por las personas que han sufrido conmigo esta lucha. Sana sus corazones, sus preocupaciones y las heridas que este problema haya causado. Ayúdame a reconstruir la confianza, el respeto y la paz con quienes amo.
Gracias, Señor, por escuchar esta oración, por no abandonarme aun en mis momentos más oscuros y por sostenerme mientras aprendo nuevamente a vivir.
Amén.

